domingo, 22 de mayo de 2011


 HOMBRES PERDIDOS. 

César Platas Brunetti

               Cuando antes (incluso hoy) se decía que una mujer era “una perdida”, no hacía falta más explicaciones al respecto; sin embargo, cuando decimos que un hombre es “un perdido” tenemos que aclarar más al respecto. Uno se puede perder de múltiples maneras y, más allá de la connotación sexual, una de las más típicas de nuestros tiempos es la de la violencia hacia las mujeres. Sí ¡un hombre que maltrata a las mujeres es un perdido! Tan perdido como cuando nos perdemos por ese mar del inconsciente, que nos conduce a la destrucción por seguir el canto de las sirenas del poder.
               Desde hace tiempo que vengo comentando con amigos, los únicos dispuestos a escuchar cosas incómodas, que algo se estaba encarando mal en la campaña sobre los malos tratos. Se estaba dando demasiada publicidad al hecho violento, quizás para promover la denuncia (cosa todavía muy necesaria), pero muy poca atención a otras posibles salidas más positivas del conflicto. Si una persona está desequilibrada y no encuentra salidas, o soluciones propias, a sus problemas comienza ensayar soluciones desesperadas por imitación utilizando como modelo las que encuentra a mano en su ambiente. En nuestro medio vemos como, a través del cine y la televisión, la violencia se está planteando constantemente como una alternativa válida para la resolución de problemas. De allí que, a través de un estudio reciente, se haya detectado en los casos de malos tratos un efecto “contagio” cuando se difunden por medios audiovisuales. Los casos de violencia de género se dan agrupados en un margen muy reducido de tiempo, o sea, que parece que se estimulan mutuamente debido a su difusión. En una mente “perdida” cualquier estímulo (por improbable que le parezca a una mente normal), puede resultar una solución “mágica” a los problemas que se le plantean. Por tanto, cuanta más difusión se da de esta manera al problema, más se estimula su recurrencia.
               Un amigo me decía: ¡Vale!, pero ¿cuál es la solución? Las cosas no son tan fáciles, no se pueden dar soluciones “mágicas” y mucho menos generales; hay que estudiar cada caso individualmente. Sin embargo, hay algo en lo que no se ha insistido suficientemente: la educación. Si bien, en las nuevas generaciones ya se está actuando, hay una franja poblacional de gente (supuestamente) adulta en la que la incidencia de esta “ignorancia” de lo femenino por parte del hombre está haciendo estragos.

            Los hombres estamos perdidos, no tenemos una identidad propia respecto a nuestra masculinidad. Algunos intentan establecerla a través de grupos deportivos, peñas y otro tipo de agrupaciones superficiales que no les permiten desarrollar una integración de lo femenino. Todos tenemos aspectos femeninos y masculinos en nuestra personalidad (tanto hombres como mujeres) y la falta de integración en cada uno genera desequilibrios en nuestra personalidad. En la actualidad todos asumimos que las mujeres han de desarrollarse y poder acceder a terrenos tradicionalmente reservados a los hombres, para lo cual (sin dejar de ser femeninas) han de desarrollar cualidades masculinas. ¡Vale! ¿Y los hombres qué? No podemos pretender que lo hombres sigan cumpliendo las mismas premisas que antaño sin reelaborar sus funciones y necesidades.

            ¡Los hombres no lloran! Sí, es verdad, tenemos que ser como Bogart y, aunque nos estén cosiendo la lengua sin anestesia, no debemos derramar ni una lágrima. Negar el campo emocional nos hace muy vulnerables a la crítica y esto conduce a una violencia desmedida. Cuando nuestra sensibilidad es atropellada, por ejemplo, por la violencia psicológica que la mujer maneja tan admirablemente (al estar tan cerca de lo emocional, sabe como herir con el lenguaje), nos perdemos en una violencia tan ciega que pisoteamos todos nuestros principios sin vacilar. Claro que, luego viene la lucidez… y con ella la culpa. Esa culpa hace que nos sintamos tan poca cosa ante ella, que necesitamos volver a “conquistarla”… y mostramos nuestra cara más amable… y ponemos todo nuestro corazón en ello. Una vez que lo hemos conseguido creemos que todo está bien. Y así es,… hasta que nuestra “insensibilidad” comete la torpeza de pasar por alto algún “detalle” y la mujer vuelve a reclamar sus derechos. Claro que, si en un primer momento la reclamación es agresiva, la segunda vez será violenta y desatará nuevamente la caja de los truenos de la violencia en el hombre.

            La agresividad (desde el punto de vista psicológico) como autoafirmación, es necesaria para el desarrollo de la individualidad en el ser humano. Mientras que en su vertiente negativa (como violencia) no nos permite ser y disuelve nuestro impulso hacia la individuación en la “masa”; nos conmina a imitar lo que hacen otros para salir del apuro. Está claro que existen muchos factores sociales que no están interesados en que los hombres (ni las mujeres) logren realizar este proceso con éxito. La razón es muy sencilla, un hombre consciente es un hombre libre; rige su destino de acuerdo a sus propias necesidades. Si el hombre se pone en contacto con sus sentimientos, quizás descubra que esta carrera desmedida en pos del éxito (que nos vende la sociedad de consumo) a costa de sacrificarnos y sacrificar nuestro entorno no sirve de nada, ya que son las “zanahorias” para que el “burro” no deje de tirar del carro del consumo.

               Habiendo clarificado la diferencia entre agresividad y violencia volvamos sobre la historia, que es eso… sólo una historia, la realidad se teje de múltiples maneras. Pero en todas se halla presente en el hombre un vacío afectivo (algo que, si se le intentara hacer ver, negará enfáticamente), una ausencia de Amor. Cuando el Amor (sí con mayúsculas) desaparece nuestra relación de pareja se transforma en una relación de poder y, claro,… (a los hombres nos han entrenado para ganar) “a éste macho no hay quién le ponga el pie encima, antes que eso muere matando”. El hombre muere cuando olvida su mundo emocional, cuando pierde su humanidad y se pierde para siempre. Esto afecta a la mujer porque, mal que le pese, también ellas se pierden. Por ejemplo: cuando ejerciendo el poder que han obtenido lo hacen, como los hombres, sin humanidad. Cuando los hombres poderosos se casaban con mujeres más jóvenes que ellos, eran tildados de “viejos verdes” y de “rancios machistas”; pero al adquirir el poder las mujeres ¡están haciendo exactamente lo mismo! Por tanto, no es una cuestión de género, sino de poder.

            Hace poco triunfaba una serie llamada “Lost” (perdidos), iba de unos náufragos que se pierden y sobreviven en una isla que no puede ser encontrada porque “flota a la deriva”; menudo símbolo de lo que está pasando en la actualidad. Pero esto no es nuevo, ya en el siglo XVII, después de un largo período de guerra civil, en Japón, se consigue la unidad nacional y la paz. No habiendo más combates, los Samuráis se convierten en “Ronins” (“hombres a la deriva”), es decir Samuráis sin maestro que erraban en búsqueda de un empleo. Los hombres de hoy somos Ronins, hombres perdidos; y no pasaremos de ser mercenarios a sueldo de poderes bastardos (que sólo piensan en su ombligo), si no encontramos pronto ese maestro interior llamado Amor que nos guíe hacia una verdadera humanidad.


jueves, 15 de abril de 2010


LA TRADICIÓN NO ES CULTURA.
(o de la tauromaquia en Madrid)

César Platas Brunetti

            Estoy hasta los higadillos de los que confunden churras con merinas o, lo que es lo mismo, tradición con cultura. Me parece vergonzante que se quiera equiparar tradición con cultura y declarar a la tauromaquia como "Bien de interés cultural", es una aberración imperdonable. Como diría un preclaro torero (o torturador de animales) y exponente de la "cultura del toro" (¡que pensará el toro de esta cultura!) diría en su seudo lenguaje: "En do´ palabras: in - dignante".

            Hay una frase anónima (creo) que ejemplifica a la perfección mi pensamiento: "LA TRADICIÓN ES LA CULTURA DE LOS IDIOTAS". No es que a estas alturas me vuelva intransigente, ni ofensivo con quienes no saben trabajar en otra cosa (aunque ya es hora de que se vayan reconvirtiendo) o los que no sepan divertirse sin hacer daño a un animal (con los que tal vez sea menos transigente, por no decir nada); simplemente es que la frase pone claramente de manifiesto que cultura no es lo mismo que tradición y de manera indirecta que la cultura es un acto lúcido que requiere un mínimo de reflexión.

            Toda cultura sustenta unos valores y estos valores han de ser meditados y reflexionados (además de compartidos), jamás aceptados sin más. La tradición se basa en la repetición atávica de actos de un pasado más o menos remoto, pero no conlleva ningún tipo de acto consciente o de introspección reflexiva.

            Si queremos elevar a la dignidad de "valor" (o sea: algo que se aprecia y se promueve) la tortura de un animal; si insistimos en llamar "bien cultural" a esto y pretendemos enseñarlo en los colegios como tal (ya que los "bienes culturales" se promueven gracias a los impuestos que todos pagamos); perdonadme, pero no puedo estar de acuerdo. Para mi es la entronización de la barbarie como "bien" de una mal llamada cultura.

            Como decía es aberrante equiparar tradición y cultura. Si bien es cierto que ambas están muy unidas, la cultura se nutre de la tradición, pero jamás a la inversa. La cultura rescata aquellos valores de la tradición que hemos de transmitir a las generaciones por venir y estos valores crean el escenario del mundo futuro en el que, por suerte o por desgracia, viviremos. En esta sociedad esquizoide (emocionalmente escindida) que vivimos tenemos claro y pregonamos a los cuatro vientos lo necesario que es evitar los malos tratos a nivel familiar y sin embargo pretendemos "culturizar" y difundir por todos los medios (prensa, radio, TV., colegios, etc.) los malos tratos a los animales. Los profesionales de la salud mental sabemos que existe una mayor probabilidad de que: el que ejercita la crueldad con los animales la haga extensiva a los seres humanos. Por tanto, hay ciertas tradiciones que debemos dejar atrás y superar.

            Tengo un primo (si, yo también) que vive en Roma y en tono irónico está empeñado en rescatar una vieja tradición. Por él me permito insertar el siguiente anuncio:

SI CREES SER MAYOR DE EDAD (MENTAL, POR SUPUESTO)
Y DEFENSOR A ULTRANZA DE LOS VALORES TRADICIONALES
PUEDES PARTICIPAR EN LA NUEVA EDICIÓN DEL AUTÉNTICO CIRCO PRESENTÁNDOTE COMO VOLUNTARIO...

...PARA SER DEVORADO POR LOS LEONES.


martes, 8 de diciembre de 2009

Mi Mañana es Hoy.

César Platas Brunetti


Mi Mañana es Hoy, sin el Hoy el Mañana no existe.
Mi Mañana es Hoy, integrando el Ayer... La flecha del destino se apoya en el Hoy, pero tiene su punto de origen en el Ayer que la direcciona a la diana del Mañana.
El mañana es Hoy, créalo... En nuestras manos está crear un bonito futuro.
El Mañana es Hoy, constrúyelo... Si no ponemos manos a la obra, ahora, nunca llegará; lo que no se intenta jamás funciona.
El Mañana es Hoy, disfrútalo... Si creas y construyes disfrutarás hoy y mañana.
Y sobre todo:
Mi mañana es Hoy contigo... porque somos uno, estamos en el mismo barco.

A los amigos que hoy trabajan por un mañana mejor. Gracias.

domingo, 12 de julio de 2009

SOBRE LA SABIDURÍA. 
César Platas Brunetti

            Sabemos que alguien es sabio, no porque lleve un cartel que lo diga, sino porque a su alrededor la gente le escucha y, al llevar a la práctica sus consejos, comprueba que son verdaderos. El problema que tenemos hoy en día es que perdimos la capacidad de escuchar, no solamente por llevar los cascos puestos, como porque no escuchamos con el corazón.

            Al decir “corazón” no me refiero a la antigua moralina sentimentaloide que nos dice lo que debemos sentir, decir o hacer y nosotros como rebaño a cumplir, sino a sentimiento, emoción. Cuando uno escucha con atención esta escucha va acompañada de cierto estado emotivo que ayuda a fijar lo que se dice: curiosidad, aceptación o rechazo, etc. Estas emociones hacen que nos posicionemos y definamos nuestro parecer y, lo que es más importante, nuestro Ser; por lo tanto, nos ayuda en el proceso de individuación, de ser nosotros mismos.

            Si oímos sin atender, percibimos sólo cháchara sin importancia (como diría Platón, mera doxa -conocimiento superficial); esto, a la larga, hará decaer nuestra atención y nos transformará en “pasotas”, en insensibles. Pasotismo tanto para lo malo como para lo bueno de la vida. Es frecuente que personas que caen en este estado se refugien en mundos virtuales alejados de la realidad, sean del tipo “second life” o simplemente ensoñaciones fantásticas de nuestra mente (depende el nivel de concretización que la persona busque).

            Cuando los sueños se vuelven más importantes que la realidad uno deja de viajar, de construir, de crear.
            Los sueños son para realizarlos, de lo contrario no son más que meras fantasías sin ningún anclaje en la realidad. La falta de creatividad es normalmente, el síntoma de una vida (si es que se le puede llamar así) vegetativa. Realmente no sé porqué se dice vegetativa ya que hasta los vegetales cambian con las estaciones y dan flores y frutos.

            Cada día es distinto, cada hora tiene una magia distinta que nos invita a crear y a recrearnos en la naturaleza. El presocrático Heráclito ya sabía esto cuando decía que es imposible bañarse dos veces en las aguas del mismo río, porque las aguas fluyen y al bañarnos mañana serán otras distintas a las de hoy. Hume decía (quizás de una manera más pesimista) que nada nos garantiza que el sol salga mañana; la experiencia reiterada en nuestra existencia de que el sol sale todos los días nos induce a pensar que mañana lo hará, pero nada lo garantiza. Este saber nos emociona, nos conmueve (etimológicamente:, mover con), nos impulsa a vivir de manera intensa cada instante de nuestra vida.

            Al dejar de crear nos alejamos de la vida y caemos en una especie estupidez que nos lleva a repetir mecánicamente unas rutinas aprendidas que ni siquiera somos capaces de cuestionar. Por el contrario, si hay una cosa que caracteriza al sabio es la creatividad; esa capacidad de dar nuevas respuestas a viejos problemas. Respuestas que, en la práctica, ¡funcionan!

            Esta verdad profunda ya era conocida por los griegos en la antigüedad cuando hablaban de filo-sofía (amor a la sabiduría), sin la presencia de la emoción no es posible la sabiduría: el mundo adquiere una tonalidad gris falto de sentimiento y los hombres nos transformamos en simples engranajes de una máquina que nos aplasta machaconamente con su brutal rutina.

            Construir la vida sin rutinas absurdas y sin huir al “País del Nunca-Jamás” nos hace más sabios y mucho,… pero que mucho más felices.
 
 

domingo, 14 de junio de 2009



VIOLENCIA DE GENERO:
OTRA MIRADA .
Mª Teresa Rodriguez Alvarez
            Sin negar los grandes esfuerzos que la sociedad está realizando para librarse de esta lacra, creo que debemos cuestionar si no hay algún error en el planteamiento que se está realizando, no parece suficiente para detener la escalada de violencia a la que todos asistimos atónitos cada día.

            Desde la cosmovisión patriarcal del mundo, se ha idealizado el Mito del Héroe. Los hombres se han visto empujados a cumplir con ese mito de lucha y competitividad por logros materiales, intelectuales o de prestigio demostrando la superioridad de unos sobre los otros. En muchos casos ha sido la madre la que ha empujado a sus hijos hacia esa meta. Dentro de este esquema la mujer era la encargada del cuidado emocional de la familia, viviendo el hombre parte de su mundo emocional a través de ella.

            Dentro de este mundo dividido, ambos, tanto el hombre como la mujer, se han visto empobrecidos y privados de desarrollar partes importantes de su potencial. La mujer no ha podido desarrollar sus capacidades intelectuales ni ocupar puestos de relevancia a nivel social y laboral; el hombre, por su parte, no ha salido mejor parado, ya que se le ha privado del desarrollo de su mundo emocional que ha permanecido en muchos casos infantil, con dificultades para establecer vínculos significativos por sí mismo; siendo en ocasiones la sexualidad y la dinámica de poder las únicas vías que ha encontrado para vincularse con el otro sexo.

            En las últimas décadas las mujeres estamos haciendo unos esfuerzos de titanes para encontrar un sitio de igualdad de oportunidades y de esta manera hemos entrado de lleno a vivir también nosotras el “Mito del Héroe” y por lo tanto a competir por el poder. ¿Quién cuida ahora el mundo emocional? Desde tiempos inmemoriales, éste ha sido reservado a las mujeres y por lo tanto desprestigiado y desvalorizado por una sociedad de valores predominantemente masculinos (no me refiero a hombres, sino a valores masculinos, que también las mujeres hemos compartido y compartimos).

            El desarrollo del mundo emocional de los hombres, no va paralelo a la incorporación de la mujer al mundo laboral, en parte por el poco valor que se le ha dado a nivel social al cuidado de las emociones y la sobrevaloración de la razón. El resultado es que actualmente muchos hombres se encuentran perdidos, no saben cómo responder ante las nuevas demandas de la mujer y ponen en marcha mecanismos psicológicos de dominación para los que fueron educados, sin entender claramente porque ya no son efectivos y sin poder establecer otro tipo de vínculos, se ven avocados a una espiral de lucha por el poder que con frecuencia acaba trágicamente.

            Creo, que la sociedad entera somos responsables de estos hechos, sin embargo pareciera que estamos culpabilizando de ellos a los hombres, quizás porque las que sufren mayoritariamente la violencia física son las mujeres, pero también por confundir los valores masculinos que nos rigen con los hombres. Sin embargo, no olvidemos, que la educación ha estado principalmente en manos de las mujeres, que por lo tanto, también han colaborado a crear este mundo de valores predominantemente masculinos.

            ¿No sería más apropiado que cada uno de nosotros y la sociedad entera nos replanteáramos los valores que nos sustentan? Tendríamos que avanzar hacia un modelo igualitario, pero no solamente en igualdad de oportunidades, sino principalmente, hacia un modelo donde haya espacio para manifestar los dos aspectos de nuestra psicología: lo femenino y lo masculino, el cerebro izquierdo y el derecho, la razón y la emoción, sin diferenciación de géneros. Sencillamente manifestando a un ser humano pleno y completo en sí mismo.

martes, 2 de junio de 2009

CREANDO AMBIENTE

César Platas Brunetti

            Como padres, educadores o simplemente como seres humanos, a veces, nos resulta difícil crear el ambiente propicio para que esos “locos bajitos” puedan desarrollarse adecuadamente.

            Hace poco, viajando en autobús, un hombre comenzó a insultar, de viva voz, a su compañera de asiento. Una niña, que viajaba detrás de mí, se asustó ante tal griterío y comenzó a llorar sin que su madre pudiera hacer nada para calmarla. Finalmente los pasajeros le pedimos al hombre que dejara de gritar y al hacerlo la niña se calmó.

            Situaciones como ésta ocurren a menudo en nuestro entorno y no somos conscientes de que pueden afectar a los niños que están presentes (la mayoría de las veces, cegados por el apasionamiento, ni siquiera somos conscientes de su presencia).

            Claro está que evitar situaciones desagradables no es, ni mucho menos, crear un ambiente propicio. El niño/a necesita un entorno vital afectivo, cálido y seguro donde pueda manifestar sus inquietudes con total tranquilidad.

            Es difícil dar aquello que no se tiene. Si de algo adolece la vida agitada de nuestros días es de calidez y seguridad. Los continuos avances y cambios nos someten a una presión constante en un medio altamente competitivo; donde “estar al día” es una necesidad que nos insume cada vez mayor tiempo y esfuerzo. Justamente tiempo y esfuerzo es lo que nos demandan los niños/as para crear ese entorno tan necesario para ellos.

            Es un error comprobado, por parte de los padres, dejar en manos del colegio la educación de sus hijos/as. Pero los padres se debaten entre “estar al día” para atender las necesidades materiales de la familia y las necesidades propias de la infancia. Así como los educadores entre “estar al día” con los planes de estudio, su vida personal, etc. y las necesidades del niño/a que tienen a su cargo.

            Encontrar la armonía entre estos aspectos tan necesarios es el desafío de nuestro tiempo y también de nuestro futuro (representado por los niños/as). No hay soluciones mágicas, pero asumir esta realidad que nos toca vivir y aplicar nuestra voluntad para mejorar lo que esté en nuestra mano, es un buen comienzo

            Cuando miramos a los ojos a un niño o a una niña vemos muchas cosas; quizás, después de esforzarnos por lograr este cambio, veamos también un poco de nuestro futuro.
 

miércoles, 22 de abril de 2009

CRISIS ¿DE QUE...?
César Platas Brunetti

            Es imposible encontrar algún medio de comunicación, oral o escrito, que en estos días no hable de crisis. Muchos están hartos del monotema de turno con el que, periodistas y particulares, vapulean nuestra mente día y noche. Esto cada vez acaba pareciéndose más a la tortura china de la gota de agua que cae continuamente en la cabeza hasta que el preso (y eso somos cuando no podemos escapar de ello) pierde el juicio. Ya hay síntomas de deterioro social asociados a este estado de indefensión al que se nos somete cuando dicen que “todo está mal y no se sabe cuando acabará”.

            Pocos son los que se paran a pensar ¿de qué se habla cuando decimos crisis?, o mejor dicho, ¿crisis de qué? La mayoría de la gente responde que es una “crisis financiera”, sin embargo pienso que se trata de una crisis de valores. Si mi memoria no me falla la palabra crisis en chino se escribe con dos ideogramas que por separado significan (y en este orden): peligro y oportunidad. En nuestra situación, de lo primero no nos cabe la menor duda y todo el mundo lo tiene claro, pero de la segunda ni se habla y ¡esto es lo grave! El que una crisis trae peligros y oportunidades es una verdad psicológica clara y meridiana, mas si no asumimos que trae oportunidades es porque estamos dejando en manos de otros la solución de algo que debemos hacer nosotros. Es más sencillo esperar “que la cosa mejore” o “que el gobierno haga algo”, etc.; que asumir nuestra responsabilidad en la descalabro económico que nos agobia (después de todo, ¿quién ha gobernado nuestras finanzas hasta hoy?).

            Ahora bien, si yo no asumo mi responsabilidad en el problema difícilmente pueda encontrar los fallos y la manera de subsanarlos. Comentaba que pienso que se trata de una crisis de valores, pero ¿qué es un valor? Todos saben lo que vale el dinero, pero ¿es el dinero lo único que valoramos? ¡Claro!, respondemos, por eso estamos tan desesperados ahora. Pero nos olvidamos que cuando nos rozan las gélidas alas de la muerte nos quedamos fríos, vacíos, paralizados. Nos olvidamos que hay otras cosas que el dinero no puede comprar y que son valores que no cambiaríamos “ni por todo el oro del mundo”. Dos de estos valores: la Paz y la Felicidad, son en los que la gente coincide casi siempre. Si perdiéramos nuestra Paz y Felicidad por el tema económico estaríamos subvirtiendo nuestros valores esenciales y vendiéndonos por nada. Por fuera puede bramar el huracán, pero por dentro estaré tranquilo si se quién soy y lo que es importante para mí en la vida.

            No podemos quedarnos en una esquina llorando a esperar que alguien venga a salvarnos. Debemos asumir el problema y así aprovechar las oportunidades. Si echamos la vista atrás vemos que el mundo ha pasado por debacles económicas, guerras mundiales, incluso en nuestra historia reciente a una guerra civil y nos hemos sobrepuesto a ello. Todo esto ha sido posible con valor y mucho esfuerzo. ¡Si! Esfuerzo, esa palabra tan vapuleada que hemos olvidado a fuerza de tanta intoxicación mental con lo de “La Sociedad del Bienestar”. Bienestar de unos pocos que tienen mucho (de los que habría que aprender a vivir acordes a nuestras posibilidades) y no de los muchos que tienen poco y se dejan deslumbrar por falsas expectativas, endeudándose más allá de su posibilidades. Por eso comprendo la rabia de los antisistema y la prefiero (aunque no justifico los actos violentos), porque por lo menos les impulsa a actuar y no la pasividad del mendigo que espera a que le resuelvan “la papeleta”.

            Había una canción infantil (aunque no tanto) que decía:
                        Si hay progreso, hay superación
                        ¡Vamos juntos a la liberación!

            La capacidad de ver un mínimo progreso incita a la superación. De allí que los gobiernos estén intentando restablecer la confianza, porque en definitiva ésta es una crisis de confianza. Confianza en los valores de una sociedad que ha perdido de vista el factor humano. Nos habíamos transformado en una máquina de hacer dinero para satisfacer necesidades inútiles o, cuando menos, superfluas. Y (ya se sabe) ¡las máquinas no piensan! Ahora lo que debemos hacer es pensar, crear y trabajar para superar esta situación y no volver a permitir que alguien piense nuestro futuro por nosotros. Porque el verdadero progreso consiste en sobreponernos y poder vivir libres, en el mundo que queremos en Paz y Felicidad.
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